Por qué el marxismo (y el socialismo) siempre falla. – Por Jay Richards

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Los últimos años han sido angustiantes para los cristianos que entienden la economía. En el año 2017 fue el centenario de la revolución comunista de Rusia. Para señalar la siniestra ocasión, el New York Times invitó a sus lectores a una serie que trató de darle un giro positivo a un acontecimiento que puso en marcha la mayor matanza en la historia de la humanidad.

Luego, en 2018, hubo celebraciones en todo el mundo por el bicentenario del nacimiento de Karl Marx, el pensador que más inspiró el comunismo del siglo XX. Teen Vogue tuvo una historia brillante para presentar a Marx. El autor les dijo a sus lectores que podían “usar las ideas de Karl Marx sobre la historia y la lucha de clases para comprender mejor cómo llegó a formarse el actual clima sociopolítico de Estados Unidos”.1

El controvertido director de cine Michael Moore, que tiene un patrimonio de aproximadamente 50 millones de dólares, tuiteó: “¡Feliz cumpleaños Karl Marx! Creías que todos deberían sentarse a la mesa y que la avaricia de los ricos acabaría con todos. Creías que todos merecen una porción del pastel. Sabías que los súper ricos iban a tomar lo que pudieran”. Casi al mismo tiempo, Jason Barker, profesor asociado de filosofía en la Universidad Kyung Hee en Corea del Sur, y autor de la novela Marx Returns (El regreso de Marx), publicó un comentario en el New York Times, afirmando: “Feliz cumpleaños, Karl Marx. ¡Tenías razón!”2

El argumento clave de Marx

Para comprender qué tan malo es esto, será útil saber algo sobre la filosofía de la historia que tenía Marx y las consecuencias que tuvo esto en el mundo real.

Karl Marx nació en una familia de clase media en Alemania en 1818, y estudió derecho y filosofía, con un especial interés en la crítica que el filósofo alemán Ludwig Feuerbach (1804-1872) hacía al pensamiento sistemático del más grande de todos los filósofos alemanes, Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831). Debido a sus escritos radicales, Marx terminó exiliado en Londres, llegando a ser un hombre sin país. Los pocos ingresos que obtuvo provenían principalmente de su compañero alemán y también revolucionario, Friedrich Engels (1820-1895), que disfrutaba de la generosidad de un padre acomodado. Marx nunca terminó su gran obra maestra, Das Kapital (El Capital). Pero su teoría básica es clara en el folleto político de 1848 que escribió junto con Engels, El Manifiesto Comunista.

A diferencia de Hegel, que veía la realidad como el ejercicio dialéctico de la mente y las ideas, Marx era un acérrimo materialista. Su propia filosofía era un híbrido llamado materialismo dialéctico: solo importaba la materia, que está en conflicto y luego la resolución a través del tiempo. Todo lo demás está determinado por este proceso.

Elaborando esta lógica en su Manifiesto, Marx y Engels describen la historia como una serie de luchas entre opresores y oprimidos, cada lucha determinada por una convulsión en la que un sistema da lugar a otro. Afirmaban que el estado original del hombre era un comunismo primitivo sin propiedad privada. La esclavitud masiva en Egipto y otras culturas antiguas representaron la caída de este estado primitivo de inocencia. El sistema de esclavos finalmente dio paso al feudalismo, con siervos pobres que cuidaban grandes extensiones de tierra que eran propiedad de los nobles. Después, el feudalismo dio paso al capitalismo, con sus centros industriales productivos.

En las sociedades modernas “capitalistas” (esa es su palabra clave), la clase capitalista que posee la mayor parte de la riqueza y los medios de producción de la sociedad (lo que ellos llaman la burguesía) buscan sobre todo aumentar sus ganancias. Para obtener esto, pagan a los trabajadores lo menos que pueden mientras toman la “plusvalía” producida por los trabajadores como ganancia. Esas ganancias luego las invierten en herramientas y fábricas para extraer más del trabajo de menos trabajadores, lo que nuevamente crea más plusvalía. Los capitalistas compiten para producir más y más con cada vez menos. Los trabajadores se tornan cada vez más alienados del fruto de su labor, a medida que los capitalistas regatean cada vez más la plusvalía de su trabajo sin darles una compensación justa.

Los capitalistas más grandes y exitosos vencen a los más pequeños. Estas grandes empresas pueden producir mucho más con aún menos trabajadores. Así, los pocos propietarios de los negocios que sobreviven inevitablemente se ensanchan y se hacen más ricos, mientras que un grupo creciente de trabajadores se empobrece. De esta manera, el capitalismo siembra las semillas de su propia destrucción al crear una gran población oprimida que en algún momento tendrá que rebelarse contra sus opresores para escapar del círculo vicioso de la desigualdad.

Marx y Engels predijeron que los trabajadores darían paso a la “dictadura del proletariado”, en la que el pueblo, es decir, el Estado, sería propietario de toda la industria. Pero para aquellos que tengan miedo de un gobierno grande, no se preocupen. Esta sería meramente una fase socialista temporal en el camino hacia el comunismo pleno, donde el Estado desaparecerá dando lugar a una hermandad de hombres, y donde la leche y la miel fluirían por las calles de oro reluciente, o algo así.

La contradicción

La teoría de Marx tiene la misma enfermedad que cualquier teoría materialista: contradice la existencia del teórico. Si el pensamiento de todos está determinado por su conciencia de clase material, que distorsiona la forma en que uno ve el mundo, ¿cómo lograron Marx y Engels trascender su conciencia de clase?

Ambos eran miembros de la burguesía, aunque uno era indigente y el otro rico, sin embargo tenían la misma filosofía básica. Y pensaban que esa filosofía representaba el punto de vista apropiado del proletariado. Si ellos pudieron trascender su conciencia de clase, ¿cómo podrían afirmar que nadie más podría hacerlo?

Un argumento basado en una falsa premisa

Además de los fundamentos autorrefutables de la teoría de Marx, está su economía atroz. La predicción que hicieron Marx y Engels se basa en una premisa central falsa. Aunque el error no fue exclusivo de ellos. Durante siglos, los economistas y filósofos estuvieron confundidos acerca del valor económico.3 Pensaban que el costo de producir algo determina cuánto vale.

Pero esto es claramente erróneo. Incluso los seguidores fieles de Marx pronto prescindieron de esta teoría, aunque hasta el día de hoy no se la han sacado de encima.

Piense en un promotor de bienes raíces que compra una parcela de tierra en la que planea construir diez casas nuevas, cada una de un color diferente. Entonces contrata trabajadores de la construcción y les paga a todos 20 dólares la hora. Una de las casas, una casa rosada, ocupa 10 trabajadores lentos y tarda 12 meses en ser construida, mientras que otra casa, una casa amarilla, es construida por tres hombres en un mes. De modo que, la casa rosada cuesta mucho más construir que la casa amarilla. Para que el promotor cubra sus costos, tendrá que cobrar mucho más por la casa rosada que por la casa amarilla.

Digamos que le costó U$S 500.000 construir la casa rosada, y solo U$S 200.000 construir la casa amarilla. Entonces, la casa rosada valdrá más que la casa amarilla, ¿no es así?

Es incorrecto. El hecho de que tomara más trabajo construir la casa rosada no significa que alguien prefiera la casa rosada antes que la casa amarilla. En realidad, el promotor no evaluó correctamente el mercado. Cometió un error al construir una casa que nadie quiere, al menos no por U$S 500.000. Su costo excedió el valor económico de la casa. ¿Cómo puede saber lo que vale realmente la casa? Bueno, siguiendo el vínculo de confianza entre la oferta y la demanda, puede seguir bajando el precio hasta que encuentre un comprador. Si en algún momento encuentra a alguien que page U$S 200.000 por la casa, descubrirá aproximadamente lo que vale. Esto se debe a que el valor económico de algo está determinado por cuánto alguien está dispuesto a renunciar para obtenerlo.

Por supuesto, la mano de obra a menudo agrega valor a un producto. El equipamiento, el dinero invertido, la creatividad, la elección de la ubicación y otros factores agregan valor, pero solo si producen algo que la gente quiere a un precio que alguien está dispuesto a pagar. Alguien puede cavar una zanja en un campo hasta que sus manos queden en carne viva, y luego rellenarla nuevamente, haciendo algo que nadie quiere. En este caso, hay mucho trabajo, pero ningún valor económico. La zanja rellenada no tiene valor.

Este pudo haber sido el mayor error de Marx, porque su profecía de que el “capitalismo” se destruiría a sí mismo dependía de esta teoría laboral del valor.4 Sin su definición del valor, su argumento colapsa. Si hay competencia por la mano de obra, los trabajadores recibirán aproximadamente lo que vale su mano de obra y lo que acordaron en un contrato. El dueño de la fábrica combinará inteligentemente el trabajo de ellos con sus propios recursos. Luego comercializará y venderá los bienes por más de lo que cuestan producir, pero no más de lo que otros están dispuestos a pagar. Y será recompensado con ganancias por su esfuerzo empresarial. Aquí no hay injusticia, ni explotación, ni contradicción que tenga que llevar a la guerra de clases y la revolución.

Incluso en la propia vida de Marx, sus profecías chocaron con la realidad. Pasó sus últimos años en Inglaterra escribiendo, pero nunca terminó su obra maestra, El Capital. Y mientras garabateaba en su estudio, los salarios de los trabajadores en Inglaterra aumentaban, no disminuían.5 Esto sucede porque la labor de un trabajador de la construcción con acceso a un tractor vale mucho más que el mismo trabajador con una pala, sin importar quién posee el tractor o la pala. La teoría de Marx lo cegó a este hecho obvio.

La verdadera historia de los comunistas al poder

Cuando una revolución comunista inspirada por Marx finalmente tuvo éxito en Rusia en 1917, no sucedió según la predicción de Marx. El golpe sangriento fue liderado por el revolucionario y político Vladimir Lenin (1870-1924) y otros intelectuales, en una cultura agraria que tenía poca historia con la democracia o el capitalismo industrial. Como lo expresó el historiador de Harvard, Richard Pipes, “el comunismo no llegó a Rusia como resultado de un levantamiento popular: lo impuso una pequeña minoría desde arriba que se escondía detrás de consignas democráticas”.6 Este fue el patrón de las revoluciones comunistas a lo largo del siglo XX.

El despotismo de Lenin fue seguido por Joseph Stalin (1878-1953), cuyo Partido Comunista dirigió la Unión Soviética desde mediados de la década de 1920 hasta 1953, y cuyas políticas destruyeron los medios de vida de los trabajadores industriales y crearon una hambruna forzada en 1932 y 1933 que mató a millones de campesinos. Combinado con varias purgas de funcionarios del Partido Comunista, Stalin organizó la mayor masacre de la población de un país en toda la historia. En su apogeo en 1937 y 1938, hubo en promedio 1.000 ejecuciones políticas por día, sin contar los innumerables millones enviados a campos de trabajo.7

Semejante tragedia no fue la excepción, sino la regla para otros experimentos comunistas en el siglo XX. Independientemente de lo que Marx esperaba, las revoluciones nunca surgieron en sociedades industriales avanzadas donde había un fuerte Estado de derecho, sino en culturas agrarias pobres con carreras profesionales para déspotas.

En la década de 1990, un grupo de académicos documentó el total de muertos comunistas en todos los países. En El libro negro del comunismo (1997), estiman en forma conservadora que entre 85 y 100 millones de seres humanos perdieron la vida en los experimentos comunistas del siglo XX.8 Nunca una idea tuvo consecuencias tan catastróficas.

Tabla 1. Ciudadanos muertos por regímenes comunistas en el siglo XX: un cálculo mínimo

China

65 millones

U.R.S.S.

20 millones

Corea del Norte

2 millones

Camboya

20 millones

África

1,7 millones

Afganistán

1,5 millones

Vietnam

1 millón

Europa del este

1 millón

América Latina

150.000

Movimiento comunista internacional

Cerca de 10.000

Stephane Courtois et al, The Black Book of Communism: Crimes, Terror, Repression (El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión), trans. Jonathan Murphy and Mark Kramer (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1999), 4. Hay versión en español publicada por Ediciones B, 2010.

El marxismo vendido como socialismo hoy

En 2018, la palabra comunismo se abandonó como a una mala cita a ciegas. Pero Karl Marx está regresando, y el socialismo ha sido rediseñado. Para cuando Bernie Sanders le dio a Hillary Clinton una carrera por su dinero en 2016, el cambio de imagen estaba completo.

Una encuesta del Institute of Politics de Harvard de 2016 encontró que alrededor de uno de cada seis votantes jóvenes se identificaba como socialistas, y uno de cada tres dijo que apoyaba el socialismo.9 La hostilidad hacia la libertad de empresa es casi tan común en la izquierda como en la derecha. Muchos conservadores jóvenes y confundidos ahora intentan mostrar cuán “despiertos” están denunciando al capitalismo, e incluso coquetean con el socialismo.

Por supuesto que nadie quiere los gulags, pero el atractivo del socialismo perdura. Si señalas su triste historia, sus nuevos partidarios insistirán en que la China de Mao, la Unión Soviética de Stalin o la Venezuela de Maduro no fueron el verdadero socialismo. (Nadie dice eso sobre el nazismo).

Investigue un poco y encontrará que pocas de las personas que hacen campaña por el socialismo saben lo que significa la palabra. Lo asocian con imágenes mentales agradables. Se imaginan una tranquila aldea escandinava donde todos tienen un Volvo en el garaje, mucho pescado (no transgénico) y queso en la despensa, cobertura total de salud y estabilidad laboral, y dos meses de vacaciones pagas por año.

No. Lo siento. El socialismo es un sistema económico en el que la propiedad privada se abolió, y los “medios de producción” son propiedad del Estado. La forma más amigable de expresar eso es decir que la propiedad es “del pueblo”, aunque eso siempre significa del Estado. Aquí está la definición del diccionario Merriam-Webster: el socialismo es “una forma de organizar una sociedad en la que las principales industrias son propiedad del gobierno y están controladas por el mismo, antes que por personas individuales y compañías”.

Coloque esa definición sobre la mesa, vincúlela con Lenin y Stalin, y encontrará muy pocos interesados. Pocos veinteañeros están entusiasmados de que el gobierno se haga cargo de Apple, Starbucks, Microsoft, Chobani Yogurt, Google, Ben and Jerry’s Ice Cream, o de sus carros de comida favorita y ferias agrícolas. Ni siquiera el “socialista democrático” Bernie Sanders pide eso. Solo quiere acercarse cada vez más al socialismo a través de las urnas en lugar de las balas. Aquí está el problema. Todos sabemos hoy que los baños de sangre orquestados por los comunistas del siglo XX son la siniestro advertencia de que las ideas tienen consecuencias. Lo que muchos hoy no quieren admitir es que estos horribles episodios fueron y son el fruto del socialismo. ¿Alguien se pregunta por qué la Unión Soviética se llamó a sí misma Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas?

En definitiva, los “comunistas”, siguiendo la teoría marxista, crearon estados “socialistas” con la esperanza de lograr una futura utopía sin Estado, que llamaron “comunismo”. Por lo tanto, los defensores del socialismo no solo están usando mal la palabra. Están ignorando su historia y la siniestra realidad a la que se refiere.10

Por eso todos necesitamos ser expuestos, una y otra vez, a la realidad, a los monstruosos acontecimientos de la historia marxista, comunista y socialista, y a las verdades económicas que ayudan a explicarlo. Y debemos entender cuán profundamente diabólico es el pensamiento del hombre que inspiró estos hechos.

Notas

1 Danielle Corcione, “Who Is Karl Marx: Meet the Anti-Capitalist Scholar” (¿Quién es Karl Marx? Conoce al erudito anticapitalista), Teen Vogue, 10 de mayo de 2018, https://www.teenvogue.com/story/who-is-karl-marx

2 Jason Barker, “Happy Birthday, Karl Marx. You Were Right!” (Feliz cumpleaños, Karl Marx. ¡Tú tenías razón!), New York Times, 30 de abril de 2018, https://mobile.nytimes.com/2018/04/30/opinion/karl-marx-at-200-influence.html

3 Smith lleva la delantera con esta idea de valorar las cosas en términos de mano de obra o costo de producción en An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations (Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones), Edwin Cannan (New York: Modern Library, 1994), LIX. Sin embargo, la idea era más importante para el pensamiento de Marx que para Smith.

4 Marx trató de sortear estos problemas definiendo el valor económico en términos de “trabajo socialmente necesario”. Pero, esto solo lleva el problema un paso antes. ¿Qué es lo socialmente necesario? Si decimos que el trabajo es socialmente necesario cuando produce algún bien o servicio que alguien valora, entonces la teoría del trabajo colapsa ante la “teoría subjetiva” del valor económico. De modo que, si se es consecuente, la observación de Marx sobre su teoría laboral del valor desgarra la teoría misma.

5 Richard Pipes, Communism: A History (Historia del comunismo), (Nueva York: Modern Library Chronicles, 2003), 17. En Inglaterra, el ingreso real per cápita se duplicó de 1760 a 1860. Ver Nicholas F. R. Crafts, British Economic Growth during the Industrial Revolution (El crecimiento económico británico durante la Revolución Industrial), (Oxford: Clarendon Press, 1985). Véase también la discusión de Thomas Woods, The Church and the Market: A Catholic Defense of the Free Economy (La Iglesia y el mercado: Una defensa católica de la libre economía), (Lanham, MD: Lexington Books, 2005), 169–74.

6 Pipes, Communism, 38–39.

7 Pipes, Communism, 67.

8 Martin Malia, “Foreword: The Uses of Atrocity” (Prólogo: Los usos de la atrocidad), en The Black Book of Communism: Crimes, Terror, Repression (El libro negro del comunismo: Crímenes, terror, represión), Stephane Courtois et al., Trans. Jonathan Murphy y Mark Kramer (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1999), X.

9 Harvard IOP Spring 2016 Poll, “Clinton In Commanding Lead Over Trump among Young Voters, Harvard Youth Poll Finds” (Clinton lidera las encuestas arriba de Trump entre los jóvenes votantes, según un estudio de Harvard), Institute of Politics (Instituto de Política), 25 de abril de 2016, http://iop.harvard.edu/youth-poll/past/harvard-iop-spring-2016-poll

10 Andrew Roberts discute el confuso uso de “socialismo” y “comunismo” en el mundo postsoviético en “The State of Socialism: A Note on Terminology” (El Estado del socialismo: Una nota sobre terminología), Slavic Review 63, no. 2 (verano de 2004).

Texto original en inglés: https://www.equip.org/article/historys-bloody-mess-why-marxism-and-socialism-always-fails/

Traducido con permiso.

Traducido por César Orellana

Dr. Jay W. Richards

El Dr. Jay W. Richards es profesor asistente de investigación en la Busch School of Business (Escuela de Negocios Busch) de la Catholic University of America (Universidad Católica de América). En 2019 se lanzó una edición revisada por el décimo aniversario de su libro Money, Greed and God (El dinero, la avaricia y Dios).