Las doctrinas esenciales de la fe cristiana. Parte 2 – Por Norman Geisler

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Sinopsis

La segunda parte de esta serie sostiene un enfoque lógico para responder a la pregunta de qué hace esencial a una doctrina. Hay dos criterios: primero, la doctrina debe ocuparse de nuestra salvación y estar conectada a ella; es decir, debe ser de carácter salvífica. Segundo, su conexión con nuestra salvación debe ser crucial; es decir, debe estar tan ligada a la salvación que si no fuera verdad, nuestra salvación, tal como Dios la reveló, no sería posible. Cuando estos criterios se aplican a la lista descubierta por el enfoque histórico descrito en la primera parte, surgen las mismas doctrinas básicas. La Trinidad, la deidad de Cristo, su muerte expiatoria y su resurrección corporal son todas necesarias en la primera etapa de la salvación: la justificación (la salvación de la pena del pecado en el pasado). La ascensión de Cristo y su intercesión actual son necesarias en la segunda etapa: la santificación (la salvación del poder del pecado en el presente). La segunda venida de Cristo y los juicios finales son necesarios en la tercera etapa: la glorificación (la salvación de la presencia del pecado en el futuro). El nacimiento virginal de Cristo está conectado a la salvación porque habla de su origen sobrenatural y sin pecado, que son necesarios para la salvación. La infalibilidad de la Biblia es una doctrina esencial ya que por ella conocemos las doctrinas salvíficas, porque esas doctrinas se basan en las Escrituras.

Estas doctrinas esenciales deben ser necesariamente verdaderas para hacer posible la salvación, pero una persona no necesita creer todas para ser salva. Uno, sin embargo, no puede negar algunas de estas doctrinas, como la deidad de Cristo, su muerte por nuestros pecados y su resurrección, y ser salvo.

Finalmente, la discusión sobre las doctrinas esenciales plantea la cuestión de si el catolicismo romano es ortodoxo. Si es juzgado por estándares históricos, es ortodoxo, porque afirma todas las doctrinas en los credos y concilios de los primeros cinco siglos de la iglesia. Sin embargo, si se juzga según estándares lógicos, no es ortodoxo, porque niega aquellas doctrinas que los reformadores protestantes consideraron esenciales para la salvación, como la justificación solo por gracia a través de la fe sola.

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¿Cuáles son las doctrinas esenciales de la fe cristiana? Una forma de responder a esta pregunta, como se señala en la primera parte de esta serie, es adoptar un enfoque histórico: las doctrinas esenciales son las que se encuentran en los primeros credos de la iglesia. Otra forma de responder a esto es adoptar un enfoque lógico. Este enfoque es mejor, ya que evita muchos de los escollos del enfoque histórico, especialmente el debate sobre qué credos y consejos deben aceptarse.

El enfoque lógico simplemente comienza con las enseñanzas del Nuevo Testamento sobre la salvación, y pregunta: ¿cuáles son las doctrinas esenciales sobre la salvación sin las cuales la salvación no sería posible? Este enfoque produce las mismas doctrinas básicas de salvación de los primeros credos discutidas en la primera parte, a excepción de los anatemas (maldiciones por creer en la falsa doctrina) y la regeneración bautismal. La salvación como se describe en la Biblia, basada en la deidad, la muerte y la resurrección de Cristo, que es el evangelio (1Cor.15: 1–6), incluye todas estas doctrinas esenciales: (1) la depravación humana, (2) El nacimiento virginal de Cristo, (3) la impecabilidad de Cristo, (4) la deidad de Cristo, (5) la humanidad de Cristo, (6) la unidad de Dios, (7) la triunidad de Dios, (8) la necesidad de la gracia de Dios, (9) la necesidad de la fe , (10) la muerte expiatoria de Cristo, (11) la resurrección corporal de Cristo, (12) la ascensión corporal de Cristo, (13) el sumo sacerdocio actual de Cristo, (14) la segunda venida de Cristo, el juicio final y el reinado.

Algunos pueden cuestionar cómo el sacerdocio presente de Cristo, la segunda venida, el establecimiento del reino y el juicio final son doctrinas esenciales de la salvación. La respuesta está en entender la salvación en el sentido amplio de las tres etapas: justificación, santificación y glorificación. Según las Escrituras, (1) hemos sido salvados de la pena del pecado (por justificación) en el momento en que creemos (Ro. 3: 28; 5: 1Ro. 3: 28; 5: 1
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; Gá. 3: 24), (2) actualmente estamos en el proceso de ser salvos del poder del pecado (mediante la santificación) (Jn. 17:17Jn. 17:17
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; Ef. 5:25-26Ef. 5:25-26
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; 1 Tes. 5:231 Tes. 5:23
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), y (3) lo haremos al morir o en la venida de Cristo seremos salvos de la presencia del pecado (por glorificación; es decir, al ser hechos perfectos) (Ro.8:30; 1 Co. 13:101 Co. 13:10
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–13; 1 Jn. 3:21 Jn. 3:2
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).

Siendo este el caso, podemos ver que las doctrinas 1-11 son esenciales para la justificación; es decir, sin ellos nuestra justificación no sería posible. Del mismo modo, las doctrinas 12 y 13 (la ascensión de Cristo y su sumo sacerdocio actual) son necesarias para nuestra santificación, y la doctrina 14 (la segunda venida) es necesaria para completar la salvación, es decir, para lograr nuestra glorificación. Estas últimas tres doctrinas (12–14) no siempre se dan en listas de elementos esenciales de la fe porque en tales casos solo las doctrinas con respecto a nuestra justificación son más evidentes.

¿Qué hace esencial a una doctrina?

Hay muchas enseñanzas importantes de las Escrituras (por ejemplo, las prohibiciones contra la blasfemia, la idolatría, el adulterio y el asesinato) que no están entre las doctrinas enumeradas anteriormente. ¿Qué, entonces, hace esencial una doctrina? A juzgar por las doctrinas que históricamente la iglesia cristiana ha considerado esenciales, surgen dos características básicas. Primero, la doctrina debe estar conectada a nuestra salvación. Es decir, debe ser de naturaleza soteriológica o salvífica. Segundo, su conexión con nuestra salvación debe ser crucial. En otras palabras, la salvación, tal como Dios la ha revelado, no sería posible si la doctrina no fuese verdadera.

Estos dos criterios se revelan claramente en la mayoría de las doctrinas que se enumeraron anteriormente. La Trinidad, la deidad de Cristo, su muerte expiatoria y su resurrección corporal son todas necesarias para nuestra salvación. Además, como se mostró anteriormente, la ascensión de Cristo, su servicio presente y la segunda venida son necesarias para la salvación en un sentido amplio que incluye no solo la justificación, sino también la santificación y la glorificación. Sin embargo, hay otras doctrinas en la lista que no parecen ser necesarias para nuestra salvación.

¿Qué pasa con el nacimiento virginal de Cristo (específicamente hablando, su concepción sobrenatural en la virgen María por el Espíritu Santo)? ¿Fue esencial para nuestra salvación? Ciertamente, la doctrina subyacente a la que apunta el nacimiento virginal, la impecabilidad de Cristo, es esencial para la salvación, ya que un pecador no puede ser el Salvador de otros pecadores.3 Él necesitaría un Salvador para sí mismo. Una persona que se está ahogando no puede salvar a otra persona que se está ahogando. Sin embargo, ¿fue necesario el nacimiento virginal para que Cristo no tenga pecado? Esto parece seguro: cualquier persona que haya nacido de manera natural hubiera sido, sin la intervención divina, un pecador como el resto de nosotros (Rom. 3: 23; 5: 12Rom. 3: 23; 5: 12
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); y el nacimiento virginal (es decir, la concepción sobrenatural) era una forma de trascender esta realidad. Si era la única manera o si por el contrario habría funcionado una concepción inmaculada, a través de la cual Cristo hubiese sido concebido de manera natural pero sin la mancha del pecado, es discutible e irrelevante. El nacimiento virginal era una forma de hacerlo, y era la forma en que Dios eligió hacerlo. Además, para nuestra salvación era importante, si no crucial, que Dios señalara sobrenaturalmente cuál de todas las personas nacidas de mujeres (Gn. 3: 15Gn. 3: 15
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; Gal: 4: 4) era Su Hijo, el Salvador del mundo.4 Una concepción natural pero sin pecado de Cristo no habría sido una “señal” externa que llamara la atención sobre la naturaleza sobrenatural y sin pecado del Salvador desde el principio. El nacimiento virginal, por lo tanto, fue una necesidad divinamente
determinada para nuestra salvación, por la doctrina subyacente de la impecabilidad de Cristo y por la naturaleza sobrenatural de la misma.

Más aún, algunos han notado que el nacimiento virginal señala y preserva la relación eterna de Padre-Hijo entre la primera y la segunda persona de la Trinidad. Si bien esto no explica en sí mismo cómo se transmite la naturaleza pecaminosa de Adán a su posteridad natural, sí ofrece una posible explicación de por qué la naturaleza adánica no se transmitió a Cristo: Cristo no tuvo un padre terrenal, solo uno celestial, que al igual que Él fue puro. Por el nacimiento virginal de Cristo, la relación celestial Padre-Hijo sin pecado fue preservada y la relación terrenal padre-hijo fue interrumpida; por lo tanto, ni el pecado de Adán, ni su consecuencia, la muerte (Rom.5: 12), podrían transmitirse a Cristo. Era tan imposible que el Hijo sin pecado pudiera nacer pecaminoso como lo era que el Príncipe de la Vida podía ser retenido por la muerte (Hechos 2: 24; 3: 15Hechos 2: 24; 3: 15
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) .5

Diferentes tipos de doctrinas esenciales

Hay otras razones para distinguir diferentes listas de doctrinas esenciales (o fundamentales) de la fe. Una de esas razones es la falta de distinción entre tres clases de doctrinas esenciales: soteriológica, epistemológica y hermenéutica.

Doctrinas esenciales soteriológicas

Los elementos esenciales soteriológicos son aquellos que tienen que ver con la salvación (del gr. soteria, que significa “salvación”). Es decir, si estas doctrinas no son verdaderas, entonces la salvación no es posible. Por eso son elementos esenciales de la fe, como lo demuestra la discusión anterior.

Como hemos visto, los elementos esenciales soteriológicos se pueden dividir en los necesarios para nuestra justificación (por ejemplo, la muerte y resurrección de Cristo), los necesarios para nuestra santificación (por ejemplo, la ascensión de Cristo y su actual intercesión como nuestro abogado), y los necesarios para nuestra glorificación (por ejemplo, su segunda venida y el juicio final).

Doctrinas esenciales epistemológicas

Brillan por su ausencia de la anterior lista la inspiración de las Escrituras, que fue catalogada como uno de los grandes fundamentos de la fe por conservadores modernos como B. B. Warfield, Charles Hodge y J. Gresham Machen. El motivo de esta omisión es que la lista anterior solo contiene elementos esenciales soteriológicos. Uno puede ser salvo sin creer en la inspiración y (consecuente) inerrancia de la Biblia.6 Una Escritura infalible no es necesaria para la salvación. Las personas se salvaron antes de que hubiera una Biblia, y las personas se salvan a través de la lectura de copias de la Biblia que contienen errores (a diferencia de los manuscritos inerrantes originales) Además, la creencia en la inerrancia no es necesaria para ser salvo. La inspiración y la inerrancia no son una prueba de autenticidad evangélica, sino de consistencia evangélica. La inspiración y la inerrancia no son parte del plan de salvación que uno debe creer para ser salvo, pero son parte de la base que hace que ese plan de salvación sea conocido. Para que tengamos una base segura de lo que creemos, Dios consideró necesario proporcionar una Palabra inerrante como base de nuestras creencias.

La inspiración, por lo tanto, no es una doctrina esencial soteriológico; más bien, es un doctrina esencial epistemológico. La epistemología (del gr. episteme, que significa “conocimiento”) trata de cómo sabemos. Nunca podríamos estar seguros de las doctrinas que son necesarias para nuestra salvación sin una revelación completamente verdadera, divinamente autorizada de Dios, como la que tenemos en las Escrituras. Los grandes credos ecuménicos, sin embargo, sí mencionan “las Escrituras” como la base de lo que creemos; por lo tanto, reconocen esta doctrina esencial epistemológica de la fe.

Doctrinas esenciales hermenéuticas

Un tercer tipo de doctrina esencial se presupone en toda esta discusión: una doctrina esencial hermenéutico (del gr. hermencia, que significa “interpretación”). Todas las doctrinas mencionadas anteriormente relacionadas con nuestra salvación se basan en una interpretación literal e histórico-gramatical de las Escrituras.7 Sin esto, no hay ortodoxia. La mayoría de las sectas se especializan en negar este método literal de interpretación en parte o en su totalidad. Así es como pueden torcer tan fácilmente las Escrituras para su propia ventaja herética.

Toda la doctrina protestante de Sola Scriptura (“Solo la Escritura”) se basa en la condición previa de una interpretación literal de la Biblia.9 La hermenéutica literal es, por lo tanto, el método fundamental que hace posible nuestro conocimiento de todos los elementos esenciales de la doctrina.

La diferencia entre lo explícito y lo implícito

No todas las doctrinas esenciales en los credos están indicadas explícitamente. La doctrina de la Escritura es un ejemplo. Está implícito en todas partes como la única base infalible para las creencias cristianas; sin embargo, en ninguna parte se lo trata explícitamente. Ningún credo o consejo lo trató, pero todos lo implicaron y lo citaron.

La doctrina de la depravación humana, igualmente, no se trata explícitamente en todos los credos primitivos. Sin embargo, está implícito en las declaraciones sobre la muerte de Cristo por nuestros “pecados” y sobre nuestra necesidad de “remisión” y “perdón” de los pecados.

Es esta distinción entre la verdad doctrinal explícita e implícita la que ha llevado a muchos teólogos a hablar de la fidei implicitus (“fe implícita”). Por ejemplo, una persona que cree en la deidad de Cristo y que hay un solo Dios puede tratarse de alguien implícitamente trinitario, aunque no crea explícitamente en la doctrina formal de la Trinidad (porque todavía no se le ha enseñado). Parecería que una persona que cree en el evangelio (que el Señor Jesucristo murió por nuestros pecados y resucitó) puede ser salvada sin ser todavía un trinitario explícito.

La diferencia entre lo que debe ser verdadero y lo que se debe creer

No todos los elementos soteriológicos esenciales deben ser creídos para ser salvos. Por ejemplo, el nacimiento virginal no se menciona en ninguna parte como una doctrina necesaria para la salvación; sin embargo, si Jesús no hubiera nacido realmente de una virgen, entonces habría sido pecaminoso como el resto de los hijos de Adán nacidos naturalmente (Ro. 5:12Ro. 5:12
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); y si Él fuera pecador, entonces no podría ser nuestro Salvador del pecado. Existe, por lo tanto, una clara diferencia entre lo que debe ser verdad para que seamos salvos y lo que se debe creer para ser salvos.

De la misma manera, puede que alguien no crea o hasta deje de creer en la segunda venida de Cristo, y aun así ser salvo. Sin embargo, si no hubiera una segunda venida, entonces esa persona no podría ser completamente salvo de la presencia misma del pecado el día de la glorificación.

La diferencia entre la negación y la incredulidad

Hay ciertas doctrinas esenciales que una persona puede no creer y aun así ser salvo. Es posible que no crea en el nacimiento virginal, la inspiración de las Escrituras, la ascensión de Cristo, su intercesión ante el Padre o su segunda venida, y aun así sea salvo. Puede que no los crea porque ni siquiera los conoce; o bien, puede que los conozca y aun así no las crea.

Sin embargo, hay ciertas cosas que una persona no puede negar hoy y aun ser salva.10 Debe creer en el evangelio, que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó (1Cor.15:1–6). Debe “creer en el Señor Jesucristo” (Hch. 16:31Hch. 16:31
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, énfasis agregado).11 Debe creer “en [su] corazón que Dios lo resucitó [a Jesús] de los muertos” (Ro.10: 9). Cuando “Señor” (
del gr. kyrios) se usa para Cristo en el Nuevo Testamento, significa o se refiere a su deidad.12 Por lo tanto, se concluye que uno no puede negar la deidad de Cristo y ser salvo.

Por otro lado, es concebible que alguien que no esté informado de la deidad de Cristo no pueda creerlo y aun así ser salvo. Ciertamente, no todos los santos del Antiguo Testamento que fueron salvos entendieron y creyeron en la deidad del Mesías. Sin embargo, no es lo mismo que una persona informada de la deidad de Cristo no crea en esta y aún pueda ser salvo. No hay fundamento en el Nuevo Testamento para afirmar que aquellos que hoy entienden la deidad de Cristo y la niegan son salvos. Ahora es una condición normativa y necesaria para la salvación (Ro. 10:9Ro. 10:9
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; Hch. 2:21, 36; 3:14Hch. 2:21, 36; 3:14
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–16; 5:30–35; 10:39; 16:31; 1 Co. 12:31 Co. 12:3
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). Uno debe “creer en el
Señor Jesucristo” para ser salvo (Hch. 16:31Hch. 16:31
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, énfasis agregado). Uno debe creer en su corazón y confesar con su boca “al
Señor Jesús” para ser salvo (Ro. 10:9Ro. 10:9
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-10, énfasis agregado). Esto implica que alguien que cree
, como los Testigos de Jehová, que Jesús es Miguel – un ángel creado -, no puede ser salvo. Del mismo modo, nadie que crea, como lo hacen los mormones, que Jesús es el hermano de Lucifer puede ser salvo. Esto también significaría que cualquier arriano (seguidor del Arrio, hereje del siglo IV), que niega la deidad de Cristo, no puede ser salvo.

La diferencia entre la herejía y la salvación

No obstante, uno puede sostener puntos de vista heréticos sobre algunas doctrinas, y todavía ser salvo. Ser salvo (justificado) depende solo de creer ciertas verdades salvíficas, como la deidad de Cristo, su muerte por nuestros pecados y su resurrección. Uno puede no creer en el nacimiento virginal, la inspiración de la Biblia, la ascensión de Cristo y la segunda venida, y aun así ser salvo. En resumen, uno puede tener puntos de vista heréticos sobre una serie de doctrinas y aun así ser salvo. Por supuesto, tal persona es inconsistente y no bíblica; pero es mejor ser salvo inconsistente que perdido consistente. Mejor aún sería ser salvo consistente, pero ese no es el asunto en cuestión.

La diferencia entre lo parcialmente herético y lo completamente herético

Si una persona niega una doctrina esencial, ¿eso lo hace un hereje? Lo hace herético en esa doctrina particular que niega, pero no herético en todo lo demás. Por ejemplo, si uno niega la inerrancia de la Biblia, todavía puede ser salvo. La inerrancia, por más que sea importante epistemológicamente, no es parte del plan de salvación que es necesario creer para poder ser salvo. Uno puede, igualmente, negar el nacimiento virginal y aún ser salvo por las mismas razones. Ser poco ortodoxo en una doctrina no significa que una persona sea poco ortodoxa en otras doctrinas. Por supuesto, uno debe ser ortodoxo en ciertas doctrinas salvíficas para ser salvo.

¿Qué acerca del catolicismo romano?

Cuando se trata del catolicismo romano, en realidad hay dos preguntas. Primero, ¿el catolicismo romano contiene herejías en cuanto a la salvación? Segundo, ¿se puede salvar un católico romano siguiendo la doctrina católica oficial?

Primero, a juzgar por los estándares de los credos y concilios de los primeros cinco siglos, el catolicismo romano es ortodoxo. No niega ninguna de las doctrinas contenidas en los primeros cuatro concilios ecuménicos. Los afirma todos. Sin embargo, si se juzga según los estándares de la Reforma de la Sola Fide (“solo por la fe“), Sola Scriptura (“solo la Escritura“), Solus Christus (“solo por Cristo“) y Sola Gratia (“solo por gracia”), es no ortodoxo.14 La pregunta es si estas enseñanzas de la Reforma son o no la prueba adecuada para la ortodoxia. Juzgado por los estándares del credo histórico, el catolicismo romano es una verdadera iglesia con un error significativo, no una iglesia falsa con una verdad significativa. Juzgado por los estándares de la Reforma, es una iglesia falsa con una verdad significativa.

Segundo, ¿está el evangelio contenido en la doctrina oficial de la Iglesia Católica? Nuevamente, como lo definen las normas de la Reforma, parece que la respuesta es no. De hecho, muchos teólogos protestantes creyeron que la Iglesia Católica Romana apostató oficialmente en el Concilio de Trento (1545-1563) cuando proclamó, entre otras enseñanzas no bíblicas, que si alguien dice que las buenas obras del hombre justificado son de tal manera el don de Dios, que no son también los buenos méritos de quien está justificado, o que el que está justificado por las buenas obras… realmente no merece un aumento de la gracia, la vida eterna y el logro de esa vida eterna (si él debe morir en gracia), y también un aumento en la gloria; que sea anatema”.16

Los teólogos católicos romanos, sin embargo, se apresuran a señalar varias cosas. Primero, lo que los católicos llaman justificación inicial (y los protestantes llaman justificación) viene totalmente por la gracia de Dios y aparte de cualquier obra, ya que le sucede a un bebé cuando es bautizado y por lo tanto regenerado.17 Además, incluso en los adultos, la salvación depende totalmente de la obra de Cristo en la cruz, sin la cual nadie podría ser salvo. Finalmente, incluso las buenas obras que realizan los creyentes son posibles solo por la gracia de Dios. En resumen, la doctrina católica enseña la absoluta necesidad de la obra terminada de Cristo en la cruz y de la gracia de Dios para nuestra salvación. El nuevo catecismo católico dice: “Nuestra salvación viene de la gracia de Dios” e incluso “los méritos de nuestras buenas obras son regalos de la bondad divina”.18 Incluso Trento afirmó que si alguien dice que el hombre puede ser justificado ante Dios por sus propias obras que realiza… sin la gracia divina por medio de Cristo Jesús: sea anatema”. Además, “nada de lo que precede a la justificación, ya sea la fe o la obra, merece la gracia de la justificación. Porque si es por gracia, no es más por obras”.19

En resumen, parece que hay suficiente verdad dentro del catolicismo romano oficial para aquellos que creen en este y puedan ser salvos, al menos por los estándares históricos de la ortodoxia que se encuentran en los primeros credos y concilios. Parecería una petición de principio imponer los estándares de la Reforma sobre la iglesia anterior a la Reforma. Esto no quiere decir que la Reforma no estaba en lo correcto. Lo estaba. La salvación viene solo a través de la fe, basada solo en la obra de Cristo, provista solo por la gracia, basada únicamente en la Palabra de Dios. El catolicismo romano oscureció la esencia de la verdad salvífica del evangelio al cubrirlo con error y contradecirlo en la práctica.

La lista de las doctrinas esenciales

La lista de las doctrinas cristianas esenciales que surgen de los credos y concilios tempranos incluye (1) la depravación humana, (2) el nacimiento virginal de Cristo, (3) la impecabilidad de Cristo, (4) la deidad de Cristo, (5) la humanidad de Cristo, (6) la unidad de Dios, (7) la triunidad de Dios, (8) la necesidad de la gracia de Dios, (9) la necesidad de la fe, (10) la muerte expiatoria de Cristo, (11) la resurrección corporal de Cristo, (12) la ascensión corporal de Cristo, (13) el actual servicio sumo sacerdotal de Cristo, y (14) la segunda venida de Cristo, el juicio final (el cielo y el infierno) y el reino. Todo esto es necesario para que la salvación sea posible en un sentido amplio, que incluye la justificación, la santificación y la glorificación.

Sin embargo, no es necesario creer todo esto para ser salvo (justificado). Lo mínimo y necesario que se debe creer para ser salvo es: (1) la depravación humana, (3) la impecabilidad de Cristo, (4) la deidad de Cristo, (5) la humanidad de Cristo, (6) la unidad de Dios, (7) la triunidad de Dios, (8) ) la necesidad de la gracia de Dios, (9) la necesidad de la fe, (10) la muerte expiatoria de Cristo, y (11) la resurrección corporal de Cristo.

No es necesario creer en (2) el nacimiento virginal de Cristo, (12) la ascensión corporal de Cristo, (13) el servicio actual de Cristo, o (14) la segunda venida de Cristo y el juicio final como condición para obtener una posición correcta ante Dios (justificación). Incluso algunas de esas creencias que son necesarias pueden ser más implícitas que explícitas; por ejemplo, la depravación humana y la triunidad de Dios. Con respecto a la depravación humana, uno debe creer que es un pecador que necesita un Salvador, pero no necesita creer todo lo que implica la doctrina ortodoxa de la depravación humana, como la herencia de una naturaleza pecaminosa. De igual manera, la deidad de Cristo está involucrada, lo que a su vez implica al menos la existencia de dos personas en la Deidad (el Padre y el Hijo); pero no hay razón para pensar que para ser salvo, uno deba entender y creer explícitamente la doctrina ortodoxa de la personalidad y la deidad del Espíritu Santo que está unida a esas dos personas en una sola naturaleza (es decir, un solo Dios). De hecho, muchas personas no entienden claramente esta doctrina, incluso años después de haber sido salvos.

Todas las doctrinas esenciales son necesarias para hacer posible la salvación, pero no todas son esenciales al momento de creer para que uno sea salvo. Todas son creencias esenciales si se quiere ser un cristiano consistente,20 pero no todas son creencias necesarias para ser verdaderos cristianos. Generalmente, una señal de que se ha producido una conversión auténtica es que cuando un creyente profeso es instruido en estas doctrinas, las acepta.


Notas

1. El orden preciso de los eventos del tiempo del fin (pre-, a- o post-milenarias) nunca han formado parte de una prueba de ortodoxia en los credos. La doctrina de que la segunda venida y la resurrección son eventos futuros es parte de la ortodoxia; por lo tanto, una perspectiva preterista extrema que niega esto no es ortodoxa.

2. Para obtener más información sobre este punto, consulte Norman L. Geisler, Systematic Theology, vol. 3, Sin, and Salvation (Teología sistemática, vol. 3, Pecado y Salvación), Grand Rapids: Bethany House Publishers, 2004, cap.17.

3. Precisamente, cómo el nacimiento virginal impidió que Cristo heredara la naturaleza pecaminosa de Adán es debatido entre los eruditos. El mecanismo preciso sigue siendo un misterio, al menos para mí. Se han sugerido varias posibilidades, pero ninguna ha ganado aceptación universal. Dos cosas parecen claras como parámetros de una explicación viable. Debe haber sido algo que preservó la conexión genética de Cristo con Adán (lo que hace un nacimiento virginal a través de María, la madre natural de Cristo), cuya raza representó y salvó Cristo (cf. Lc 3: 38Lc 3: 38
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; Ro. 5:12Ro. 5:12
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-21; 1 Co. 15:451 Co. 15:45
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; Ga. 4:4Ga. 4:4
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; 1 R. 8:191 R. 8:19
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), y sin embargo, también debe ser algo que no involucre a una generación natural de hombres y mujeres, que es la forma en que heredamos la naturaleza caída de Adán. Estos parámetros parecen eliminar varias explicaciones que se han ofrecido, a saber: (1) que la naturaleza del pecado se transmite solo a través de los genes del padre, aunque la madre también
tiene genes caídos, y (2) que Dios creó directamente una nueva naturaleza sin pecado (no conectada genéticamente con Adán) en el vientre de María en lugar de fertilizar sobrenaturalmente un óvulo de María.

4. Ver J. Gresham Machen, The Virgin Birth of Christ (El nacimiento virginal de Cristo), Nueva York: Harper & Brothers, 1930.

5. En este punto, estoy en deuda con mi amigo y editor, Elliot Miller.

6. La inerrancia se deduce lógicamente de la inspiración divina; porque si la Biblia es la Palabra de Dios y Dios no puede errar, entonces se deduce lógicamente que la Biblia no puede errar en nada de lo que afirma (o niega).

7. Ver Norman L. Geisler, Systematic Theology, vol.4, Church, Last Things (Sistemática Teología, vol. 4, Iglesia, Últimas cosas), Grand Rapids: Bethany House Publishers, 2005, cap.13.

8. Vea a Norman L. Geisler y Ron Rhodes, Correcting the Cults: Expert Responses to Their Scripture Twisting (Corrigiendo las sectas: Respuestas de expertos a la tergiversación de las Escrituras), Grand Rapids: Baker Books, 2005.

9. El método “literal” no significa que no puede haber figuras del lenguaje. Significa que toda la Biblia es literalmente verdadera, tal como el autor quiso decirlo, aunque no todo en ella es literalmente verdadera. Hay parábolas, metáforas y muchas figuras del lenguaje en la Biblia, todas las cuales transmiten una verdad literal.

10. Decimos “hoy” porque en el progreso de la revelación Dios ordenó que hoy se crea explícitamente más contenido (por ejemplo, el “nombre” de Jesús — Hch. 4:12Hch. 4:12
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; Jn. 3:18; 3:36; 8:21Jn. 3:18; 3:36; 8:21
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) que en los tiempos del Antiguo Testamento (véase Gn. 15:5Gn. 15:5
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–6; Jon. 3). Para más información sobre los contenidos de la salvación, consulte Geisler,
Systematic Theology (Teología sistemática), vol. 3, cap. 17.

11. Todas las citas de la Biblia son de la Nueva Versión King James.

12. La palabra “Señor” (del gr. kyrios) como se usa con Jesús en el Nuevo Testamento significa claramente deidad porque: (1) En el Antiguo Testamento griego (la Septuaginta) es la traducción común de la palabra hebrea Yahweh (“Señor” en traducciones al inglés), que solo significa Dios. (2) Se usa en la traducción del Nuevo Testamento (es decir, en griego) de las Escrituras del Antiguo Testamento que se refieren a Yahweh (por ejemplo, Mt. 3:3; 22:44Mt. 3:3; 22:44
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). (3) Se usa en el contexto de adorar a Cristo (por ejemplo, Jn. 20:28Jn. 20:28
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; Fil. 2:10Fil. 2:10
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), pero solo Dios fue adorado.

13. Es posible que algunos arrianos no estén debidamente informados acerca de la deidad de Cristo, que tengan solo una fe implícita en ella, y que aun así sean salvos. Sin embargo, en este caso, la prueba de que tienen esta fe implícita sería que, cuando se les enseñara apropiadamente a partir de las Escrituras, colocarían su fe en la deidad de Cristo explícitamente (ver Hch. 19:1Hch. 19:1
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–6).

14. Para una discusión más a fondo sobre la Sola Gratia, vea Norman L. Geisler y Ralph MacKenzie, Roman Catholics and Evangelicals: Agreements and Differences (Católicos romanos y evangélicos: Acuerdos y diferencias), Grand Rapids: Baker Academic, 1995, parte 2.

15. Entre los errores significativos de Roma se encuentran la adición de los apócrifos a la Biblia, la adición de obras a la fe como condición para la salvación, la adición de María a Cristo como mediadora de la salvación, la adición del purgatorio a la cruz para pagar por nuestra completa salvación, la adición de oraciones ofrecidas a personas fallecidas a las oraciones dirigidas al Dios vivo, y la adición de la adoración de la hostia consagrada a la adoración del Cristo encarnado.

16. Heinrich Denzinger, The Sources of Catholic Dogma (Las fuentes del dogma católico), trad. Roy J. Defarrari, St. Louis: B. Herder Book Co., 1957, no. 842, 261.

17. Si el punto de vista católico se llama herético debido al bautismo infantil, entonces los puntos de vista ortodoxos orientales, anglicanos y luteranos deben llamarse heréticos por la misma razón. Esto significaría que más de dos tercios de la cristiandad tienen una visión herética de la justificación.

18. Catecismo de la Iglesia Católica (1994), 2009.

19. Ibíd., 801.

20. Consistente no solo en un sentido teológico y lógico, sino también en un sentido espiritual y práctico.

Link del original en inglés: https://www.equip.org/article/the-essential-doctrines-of-the-christian-faith-part-two/

Este artículo fue publicado por primera vez en el Christian Research Journal, volumen 28, número 6, 2005ro 6, 2005
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Traducido con permiso.

Traducido por Eduardo Joudzbalis

Edición de estilo: César Orellana

Norman Geisler

El Dr. Norman Geisler es, posiblemente, el apologista cristiano evangélico más prominente de los últimos 50 años. A lo largo de su carrera como autor y conferencista, ha combinado de manera singular sus destrezas como filósofo y evangelista, mostrando su compromiso incansable con la defensa de la fe y su preocupación por llevar a Cristo a los que aún no han creído. Ha sido acertadamente descripto como un cruce entre Santo Tomás de Aquino y Billy Graham. Autor o coautor de más de 100 libros y cientos de artículos, Geisler ha enseñado teología, filosofía y apologética cristiana clásica por más de 50 años en algunos de los mejores seminarios de los Estados Unidos. Trabajó junto al Dr. Walter Martin en el Christian Research Institute. Su clásico "Apologética" junto a Ron Brooks fue publicado por Unilit en 1995. Su sitio web es www.normangeisler.com